Todos se han perdido.
Todos se han perdido. En el mar o de las esperanzas, o quizás todo lo contrario, en la desesperanza. El punto es que no queda ninguno que sea mínimamente racional, que sea mínimamente objetivo. Los hay, claro, pero no dejan de poner sus sentimientos en las cosas, aunque digan datos objetivos. Y, ¿a quién engaño? Todas las personas, desde el inicio de la civilización, han actuado por conveniencia. Quizás la tradición de la mentira de haya profesionalizado con el paso del tiempo y el nacimiento de un lenguaje escrito más extenso, o de una capacidad de relatos más larga. Con la capacidad de documentar y almacenar tantas cosas, hay tanto que nadie sabe si realmente es cierto, o es fruto de la fantasía. Y no puedo hablar específicamente de algo, porque no hay algo en específico, es solamente la tradición de casi todas las civilizaciones. Desde Homero, en Grecia, hasta Borges en Argentina. Todos han fantaseado. Todos han inventado, ¿y quién sabe con qué nivel de certitud? Ciertame...