¿Por qué amar el latín y el griego, por qué amar las ciencias?

¿Por qué amar el latín y el griego? ¿Por qué amar las ciencias, la física, la matemática? ¿Por qué amar la poesía? ¿Por qué amar la belleza por el simple hecho de existir, por el simple hecho de ser bella?

Academia

Porque… ¿De qué otra manera valdría la pena vivir y experimentar cada segundo de la vida? Esos intervalos de tiempo en donde no pasa nada. ¿No sería aburrido sin percibir la belleza, sin emocionarse, sin sentir gratitud por la experiencia de la realidad de lo vivido? ¿No sería acaso la belleza el motivo de la continuidad de la vida, el aliento de vida que cada día nosotros necesitamos? Si la calma es bella, la respiración es el camino hacia sentir, directamente en el cuerpo, esa belleza.

Había olvidado lo que representaba amar el latín y el griego, y eso que este blog gira prácticamente en torno a eso. Este año ha sido un año particularmente complicado y por eso muchos de los proyectos y de las intensiones de vida que yo he tenido anteriormente han tenido que ser suspendidos, por supuesto incluyendo este blog. Pero cada vez que miro las estrellas o formo asterismos (¡y recordemos que esta palabra viene del griego!) en el cielo, recuerdo que la belleza siempre ha estado ahí, esperando a ser vista, esperando a ser sentida.

Todavía hago poesía sintiéndome profundamente inspirado por las cosas que me motivan y me conmueven, siendo belleza o siendo otra emoción intensa, incluso si culturalmente se percibe como negativa, y yo he adoptado esa característica ontológica por inercia cultural.

Pero el latín tiene una belleza extraordinaria, y de ahí vienen prácticamente la mayoría de las palabras que usa el español y otras lenguas romances. Además, gracias al latín tenemos mucho vocabulario griego, porque los romanos se inspiraron también bastante de la cultura griega. Por eso la línea, que nunca se me ha olvidado: Græcia capta ferum victorem cepit, et artes intulit in agreſti Latio. La Grecia conquistada conquistó a su feroz conquistador, e instauró las artes en el agreste Lacio.

Recuerdo (y sigue estando enlazado en este blog) el documento que escribí sobre la pronunciación y la fonética del griego. Me dediqué a hacerlo de manera muy seria, y hasta referencié. Realmente estaba dedicado. Realmente creía que mi propósito eran las lenguas clásicas. Pero a estas alturas (aunque no voy a abandonar ninguno de los proyectos relacionados con esto en ningún momento) dudo de mi propósito, por todo lo que me ha pasado este año. ¿Realmente quería estudiar lenguas clásicas? Porque si fuera así, ¿por qué no me he dedicado ni he aprendido nada de latín ni de griego este año? He hasta aprendido más coreano que griego o latín.

¿Por qué amar la astronomía? Muchas veces digo que es porque de ahí venimos. Si bien no es mentira, siento que ya se ha vuelto muletilla y por ende también superficial. Entonces, amar la astronomía porque las relaciones complejas y físicas, químicas y matemáticas que han asombrado a generaciones de científicos alrededor del tiempo, desde Claudio Ptolomeo, pasando por Arato, y también por Tales de Mileto, hasta Newton, Einstein, Oppenheimer, Sagan o Feynman. Hemos desarollado una tradición alrededor de entender el mundo que nos rodea, complejísima. Por eso estamos aquí. Aunque hay implicaciones políticas y económicas entremedio, sigue siendo asombroso dejando aquello de lado.

La ciencia desinteresada es el seno de Atenea. Las artes, las ciencias y la filosofía son Atenea manifestando en la mente de los hombres. Apareciendo de entre las sombras enrevesadas de hilos neuronales y electricidad cálcica, formando lo llamado neurogénesis o sinapsis también.

Eso, si se piensa con profundidad, conmueve hasta las lágrimas. Por lo menos sí lo hace para mí. Por lo menos es lo que yo experimento, y así lo había sentido hasta que me obligué a no creerle a mis sentidos en abril.

Por eso no han habido casi entradas este año, y precisamente por eso escribí la entrada del engaño de los sentidos, que para cuando esta entrada sea publicada, aquella dejará de estar disponible.

Gracias a una mujer recordé lo que es sentir con profundidad. Recordé lo que es mirar profundamente en un abismo universal que no proporciona respuestas, pero genera muchas dudas y asombro, e inspira al poeta, inquieta el científico y cavila al filósofo.

Por eso amar las ciencias. Por sentir. Por eso la filología (y la filosofía, obvio), tan relacionada también con estas. Un enfoque menos tecnicista y más humanista hacia las ciencias. ¿Será posible? Ese podría ser un nuevo propósito para mi vida, concebido y descrito de esa forma. Por ello, amar el latín y el griego, y también amar las ciencias. Amar la astronomía, y la filosofía, y la física, y la astrofísica, y… la belleza en sí.

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