El estatus de las otras lenguas.
Teniendo en cuenta lo que ya se ha mencionado acerca del estatus lingüístico de la lengua inglesa en entradas pasadas en este blog, una pregunta pertinente podría ser sobre qué hay de las demás lenguas.
Esta es, por supuesto, una pregunta que me ha mantenido en vela durante mucho tiempo, pues si sabemos que otras lenguas han sido usadas alrededor de la historia, ¿realmente podemos darle muchos laureles al inglés? ¿Podemos considerar al inglés como una lengua vernácula, aún sabiendo su poder estadístico y global?
Para poder responder esta pregunta, iremos viendo qué ha sido de las demás lenguas antes del inglés, a partir del latín.
Sabemos que el latín fue la lengua oficial del Imperio romano, junto con el griego, y esta fue la lengua utilizada para básicamente todo lo que tuviera que ver con el imperio. Derecho, guerra, política, arte, entre otras cosas. Cuando el Imperio romano estaba en su mayor auge, por supuesto que la lengua latina era la más prestigiosa y utilizada. Los académicos romanos aprendían a manipular de correcta forma el latín y, si así lo quisieren, casi siempre aprendían griego cuando se tratase de aprender una lengua extranjera. El griego siempre fue la segunda lengua más importante, y, por lo menos en Europa, pocas lenguas llegaron a ser más importantes que el latín y el griego (es la misma razón por la que el origen de nuestras raíces no sólo culturales, sino lingüísticas, es grecolatina. Fácilmente Filología Clásica sería una materia que solamente se encargara de estudiar al latín, pero estudia al latín y al griego por la razón ya mencionada).
Pero ya que todo tiene su final, un día tuvo que simplemente colapsar el Imperio romano. Primero, se dividió en dos. Imperio romano de occidente, y el Imperio romano de oriente, que fue llamado Imperio bizantino. El Imperio bizantino adoptaría al griego como su única lengua oficial, pero ya no sería el mismo griego utilizado por los romanos educados. Aquí es donde nace la variante medieval del griego, el griego bizantino. Su pronunciación y gramática ya varía mucho de la forma clásica del griego. Lo mismo sucedería con el latín en lo poco que quedaba del Imperio romano de occidente, o en Roma. El latín eclesiástico es el que empezaba a utilizarse.
Ya la gente empezaba a alejarse de las formas clásicas de, valga la redundancia, las lenguas clásicas. Las provincias más importantes de Roma terminan agrupándose en reinos independientes, como la región de Hispania con Castilla, Aragón y Portugal, o la región de la Galia con el creciente Imperio carolingio.
Aunque todavía se impartía el latín a las clases más acomodadas y adineradas, las élites, como la lengua de la academia, la religion (catolicismo) y la erudición, las lenguas vernáculaa (viz. lenguas que cada región hablaba, generalmente las lenguas vulgares) empezaban a agarrar fuerza.
Tal fue el caso de esta creciente influencia de las propias lenguas vernáculas que el español, o castellano, fue el primer idioma que tuvo su propio estudio de gramática, y un diccionario. Años después, el francés se iría posicionando como una lengua de glamour, prestigio y educación, tanto así que la corte inglesa, y también, en cierta medida, la corte rusa, preferían comunicarse en francés que en sus lenguas naturales. Se podría decir que a partir del período barroco, porque en el renacimiento hubo una pequeña época de reinterés en la Roma y Grecia clásicas, las lenguas vernáculas, especialmente el francés, estaría desplazando poco a poco al latín.
Lo que interesaba era hablar francés, no tanto latín. Igualmente, el francés no tuvo realmente, fuera de la diplomacia y la literatura de forma ocasional, la presencia que tuvo el latín. Es decir, poco o ningún documento importante en la historia del curso de la ciencia, la literatura o el arte de manera textual fue escrito en francés, como sí sucedía en el latín. Newton, Descartes y Kepler escribían en latín.
Entrado el siglo XIII, que fue la época de la Revolución Francesa, y también la revolución industrial, es que el francés y el inglés empezaban a agarrar fuerza. También hay que destacar que en la época de la colonia, cuando Inglaterra logró implantarse exitosamente en las famosas Trece Colonias, el inglés también empezó a ganar popularidad. Muchos extranjeros a la lengua francesa la empleaban y la aprendían. Tal fue el caso de Antonio Nariño, quien, sabiendo francés, logró traducir los derechos humanos al español y los hizo saber a la mayoría de personas que pudo en la Nueva Granada.
A este punto, también podría mencionarse que en Europa, seguía siendo limitadamente importante el latín, y que el italiano y el alemán también tenían su escena. Sin embargo, jamás dejó de emplearse al griego y al latín en ningún momento cuando de terminología técnica y precisa se trataba.
América, precisamente el sur y el centro, empezaba a tener también su importancia, y con ello el español ganaba fuerza. Sin embargo, entrando al siglo XIX, el francés, el inglés y el alemán eran las lenguas más competentes. La mayor parte de la literatura científica y filosófica se escribía en estos tres idiomas. Figuras importantes como Marx, Freud, Fromm, Hegel fueron parte del siglo XIX, y hablaban alemán. Otros cuantos científicos eran ingleses, como Darwin, y otros eran franceses, como Pasteur.
Definitivamente llegada esta época, se podría decir que la erudición no estaba definida, lingüísticamente, por dominar el latín, sino por dominar alguna lengua entre el inglés, el alemán o el francés, y si se presentara la oportunidad, las tres al tiempo.
Pero poco a poco, la comunidad filosófica y científica, además de matemática, económica, diplomática, politica y artística, empezaba a preferir un estándar, y ese estándar estaba siendo, poco a poco, el inglés. Si bien es cierto que el francés también había sido optado, el inglés terminó posicionándose sobre este. Hay algunas instituciones y organizaciones que todavía tienen al francés como oficial en conjunto con el inglés, pero sinceramente es preferido el inglés, y hay evidencias palpables.
Tras eso, y el triunfo estadounidense en la Guerra Fría, el inglés ya se estableció como el estándar de facto para lengua internacional y lengua franca a partir de ese momento. Es por eso que en el siglo XXI se promueve tanto el aprendizaje y uso del inglés. Realmente no es sólo tanto por el poder estadounidense, o el británico, sino porque gente a nivel global a escogido a esta lengua como un estándar. Asia, África y Medio Oriente escriben, si se dirigen a un público internacional, en inglés. En Europa, como la élite de cada país sigue prefiriendo mantener su lengua con el estatus que cree que se merece, siguen empleando, ocasionalmente, terminología en su propia lengua, pero el inglés seguirá siendo el estándar en lo que resta de siglo XXI.
¿Puede considerarse al inglés lengua vernácula a pesar de que logró convertirse en un estándar completamente global? Podría ser que lengua vernácula sea un nombre que haya quedado relegado para la lengua inglesa, porque el hito de haberse convertido en una lengua con poder y prestigio pocas veces visto antes (y vuelvo a insistir que desde el latín, un poder tan contundente en términos de poder lingüístico no se había visto) hace que la lengua inglesa, sin pretender llenar de orgullo a los nativos de la lengua inglesa, deba recibir un nombre como la lengua franca, o la lengua global de facto. O quizás no recibir ninguna etiqueta, sino ser denominada por su nombre mismo, que eso ya es el suficiente prestigio, pues eso mismo se hacía y se hace con el latín al no ser lengua vernácula.
No hay que ignorar, de todas formas, que no todo se resume en inglés. Evidentemente, hay muchas otras lenguas con patrimonio, poder y riqueza allá afuera, y que probablemente el inglés no pueda copiar del todo dentro de su propio repertorio. De hecho, una característica propia del inglés es adaptar términos extranjeros a su propio vocabulario sin mucha dificultad. Umbrella viene del italiano, rendezvous del francés, y piñata del español.
Si tuviera que dar un mensaje a los hablantes nativos de inglés que creen que su lengua lo es todo, simplemente les demostraría la riqueza de lenguas como el alemán, el francés, el español o el italiano, que son lenguas usualmente competentes en el mundo moderno. Si todavía les parecieran insuficientes y, como yo, creyeran que estas lenguas realmente son innecesarias de dominar en su totalidad (porque es absolutamente recomendable dominar un básico de las lenguas más populares) cuando dominas el inglés, entonces les mostraría el patrimonio innegable y omnipresente del latín y el griego, incluso aplicable para la lengua inglesa.

Comentarios
Publicar un comentario