La paz es (posiblemente) la felicidad
El día de ayer estuve pasando por una situación que a muchos les podría parecer ridículo que me haya afectado tanto, por lo que no lo comentaré explícitamente. Sin embargo, es cierto que sí me afectó y me impactó lo suficiente como para hacerme pensar sobre la fugacidad de las cosas y la impermanencia de todo en esta vida, en este mundo.
Algunas cosas no están realmente diseñadas para durar mucho, y si duran es porque a lo mejor algo quiere hacer que se mantengan, por lo que a lo mejor están diseñadas para durar lo mucho que pueda durar el que las posea, las observe o las quiera. Esas cosas pueden abandonar al ser que las poseyó en cualquier momento, y dejarlo en una situación vulnerable por el apego y la probable dependencia que generó hacia esas cosas.
Pero una vez logre reponer y recuperarse de cualquier baja o golpe que dé la vida, y logre mantenerse contentado con lo tanto que tiene, sin aspirar de manera excesiva y obsesiva a más, podrá estar bastante tranquilo. Eso se conecta directamente con un dicho que reconozco que es bastante sabio y mucha gente en este mundo ha olvidado aplicar, pero deberían: "Quien no es feliz con lo que tiene, no será feliz con lo que quiere", o de manera más dirigida, "si no eres feliz con lo que tienes, no serás feliz con lo que quieres". Si lo que alguien tiene ya se considera suficiente para suplir sus más básicas necesidades y sus aspiraciones, y no aspirar a mucho más, o aspira, pero no de manera enfermiza, obsesiva y obligada, por presión personal o externa, podrá encontrar ciertamente una especie de paz en su vida y su estilo de vida.
Es algo que yo mismo he experimentado: Cuando me siento bastante satisfecho y justo con lo que tengo, me siento en una especie de alegría no eufórica, sino calmada y algo perdurable. Algo que podría denominar satisfacción por la paz que me transmite mi propia mente. En la escala de algo que denominaría 'los cielos de la mente', equivaldría a un cielo despejado.
Eso que llamo 'los cielos de la mente' es una especie de metáfora o analogía que hago con la estabilidad y tranquilidad, o inestabilidad e inquietud mental, y los cielos, o el cielo. Algunas veces, los cielos están más agitados y son más ruidosos, como en una tormenta eléctrica. Algunas otras veces son más calmados, pero no dejan de estar algo agitados, como en una lluvia duradera. Otras cuantas, están bastante calmados, pero con algo de interferencia, como en un cielo nublado, o parcialmente nublado. Y otras cuantas veces están realmente calmados y claros, como un cielo completamente despejado y claro. Así mismo sucede con la mente: La mente a veces tiene episodios de alteración total e inquietud (⛈️), otras veces tiene episodios de parcial alteración (☁️) y otras cuantas tiene episodios de completa quietud y tranquilidad (☀️). Por eso he decidido llamarlos así, 'los cielos de la mente', ya que es una analogía bastante creativa, precisa e interesante.
En conclusión, a lo mejor la paz no está en querer la permanencia de las cosas, de las personas, de los contextos o de las situaciones que nos proporcionan alegría. La paz a lo mejor está en valorar esas cosas en cuanto estén, procesar los cambios y también valorarlos y así también valorar todo lo que venga en su debido momento. Es decir, lo que tengo ahora no es exactamente a lo que tenía hace un año, y sin embargo me puedo sentir feliz, en paz. Algo que sí es completamente cierto y bastante gente debería aplicarlo en su vida es: La paz es lo más cercano a la felicidad. No es ni los bienes materiales, ni las metas, ni los propósitos más ambiciosos, ni la filantropía, ni la riqueza económica. Es la paz, la tranquilidad. El despertarse un día sin agitaciones, sin afanes, sin compromisos, sin penas ni arrepentimientos. Es así como creo que el Buda hubiera querido que muchos de nosotros viviéramos, sin apegarnos por completo al budismo ni a ser un Boddhisatva.

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