El Pecado Inglés

En el Renacimiento, el conocimiento se volvió el arma más importante para cualquier intelectual, y ya no estaría completamente sometido a Dios o a la Iglesia. Ya no habría que depender de la aprobación del Papa para poder publicar o para poder pensar. Se trataba de una nueva era, adentrándose a un nuevo mundo...

Pero con ello, conllevó que ciertos intelectuales que no tenían acceso a tantas fuentes clásicas, y acostumbrados a lo que vamos a llamar mestizaje lingüístico, mezclaran raíces griegas de raíces latinas, cosa a la que resultaré denominando palabras grecolatinas, o hibridaciones grecolatinas.


Con esto, quiero dar la introducción a lo que por unos períodos voy a desarrollar y quién sabe cuándo publique la entrada, pero cuyo contenido se denominará «El Pecado Inglés». Es un pecado, pues rompe con toda la coherencia académica y neológica que durante mucho tiempo se había conservado en Europa desde los romanos. Se permitió mezclar arbitraria e indiscriminadamente ciertas raíces y provocó que, para algunas personas como yo, se formaran neologismos mal formados, pues mezclar raíces griegas con raíces latinas, o alguna de las dos anteriores con la de alguna lengua vernácula, no es lo más adecuado de conformidad con tradiciones lingüísticas y filológicas. Pero, como dije, se trata de una nueva era, dentro de un nuevo mundo, por lo que hay que describirlo...

Capítulo I: El nacimiento del inglés moderno

Como con cualquier idioma, el inglés también tiene una historia de influencias externas que llevaron a convertirlo en lo que es ahora. Especialmente, el inglés tuvo una influencia grandísima de lenguas extranjeras o ajenas a los anglos y los sajones que hicieron que gran parte de lo que ahora es inglés no fuera específicamente de raíces germánicas, sino también raíces nórdicas (aunque estos también se conosideran germanos) y latinas. 

Tras la conquista Normanda de Inglaterra en 1066, el francés sería posicionado en Inglaterra como la lengua de las élites y de las cortes. Básicamente, todo lo que tuviera que ver con el poder y con el estatus en Inglaterra se hacía en francés, dado que los que conquistaron a Inglaterra fueron los normandos, y no al revés. Con eso, el inglés que hablaban los originarios de estas tierras se fue desplazando poco a poco, y se empezaba a considerar un idioma de la plebe o de gente de clase baja.

Así, si las personas querían comunicarse con la gente de poder, tenían que tener algunas nociones de francés, ya que este era el idioma que estaba dominando en las esferas de poder de Inglaterra. Esto significa que cada vez más personas tenían que recordar palabras en francés para así hacer referencia a conceptos que seguramente las personas poderosas no conocían debido a que desconocían el idioma inglés, que se consideraba el idioma de los campesinos en Inglaterra para estos tiempos. De esta manera, podemos darnos cuenta que varias palabras en inglés que se asocian con tareas relacionadas con las artes liberales o disciplinas históricamente asociadas a personas de poder tienen, en realidad, un origen francés, como attorney o entrepreneur

Pasarían varios años, y esta tradición de utilizar términos franceses, incluso si la influencia Normanda ya no estaba presente de manera física en Inglaterra, seguiría vigente, pero se vería afectada con la llegada de la Ilustración en Europa, que evidentemente también llegó a Inglaterra. Esto sucede entre el año 1600 hasta el año 1800. Es lo que se conoce como la Era de las Luces, y con esto varios intelectuales ingleses empezarían a notar que gran parte de la tradición filosófica, científica y artística de Europa provenía directamente de los romanos y los griegos, y que las lenguas de excelencia para estos tiempos eran tanto el francés como, especialmente, el latín. 

Esto significaría, para la lengua inglesa, que si querían estar a la vanguardia intelectual que se estaba gestando por estos años, tendrían que adoptar términos de las lenguas asociadas con la vanguardia intelectual: Francés, latín y griego.

Así, poco a poco el inglés, a medida que desarrollaban más conceptos o interiorizaban otros que se desarrollaban en otros países europeos, especialmente aquellos que también fueron influenciados por la Ilustración (Francia y Alemania para ser específicos), empezaría a tener más influencia de la lengua francesa y latina que de las raíces germánicas propias del inglés.

Ya no se referían tanto a craftsmanship sino a quality o arts. No se hablaba de Mankind Rights sino de Human Rights. Y así varios ejemplos sobran.

Capítulo II: El auge de la ciencia y las investigaciones en Reino Unido y Estados Unidos

Una vez vista toda la formación, de manera bastante resumida, pues evidentemente hay más detalles que no se han mencionado aquí, ahora hay que empezar a indagar en la difusión, o en el porqué tantos términos y tantas costumbres originarias de esta lengua se adoptaron por tantos países y por tantas lenguas, que hasta a mí me parece que es como si el utilitarismo o la indiferencia a las tradiciones milenarias fueran prioritarios en este mundo, en esta nueva era.

Cada vez más investigadores de habla inglesa empezarían a hacer sus aportes a varios aspectos de la vida y de las ciencias que empezaban a calar hondo en la vanguardia y la innovación internacional. No solo en los aspectos más clásicos, como la ciencia tradicional que se desarrollaba desde Newton (quien, por cierto, dominaba bien el latín y con relativa decencia el griego, y de hecho escribió su obra magna en latín), sino también en las ingenierías, e incluso en las artes y en la filosofía. Adoptarían nuevos términos, nuevos étimos, creando neologismos a partir de raíces latinas y griegas, tal como se hacía en otras tradiciones lingüísticas, especialmente las romances, y, entre estas, especialmente para el inglés, el francés. 

No obstante, hay que notar que el inglés, al ser una lengua germánica, tiene una flexibilidad para crear nuevos neologismos sin que pierdan sentido ni coherencia, razón por la que, como expliqué en esta entrada, existen términos como everglow o stardust. Se mezcla una palabra con otra. Ojo: En este ejemplo, las raíces de las palabras no son raíces como tal, sino palabras especificas, que pueden servir tanto de verbos, como de sustantivos (o adjetivos, incluso adverbios) y, por supuesto, de lexemas para formar nuevas palabras. Es diferente al griego o al latín, en donde las palabras o son sustantivos, o son verbos o son lexemas, no las tres cosas a la vez ni de forma intercambiable. Esto también sucede en las lenguas romances, herederas directas de esta tradición clásica, y aunque existen verbos asociados con una palabra y lo que esta significa, no funciona de la misma manera que funciona en el inglés. 

Partiendo de esto, se puede entender que el idioma inglés haya pretendido aplicar un aspecto inherente a su idioma, y a su forma de formar palabras, que ignoró la forma en que otras lenguas, especialmente las clásicas, formaban palabras, y sencillamente las mezcló como si fueran originarias de su propio idioma, e incluso cometer la salvajada de entremezclarlas, algo que los escritores clásicos ni los escritores del renacimiento habrían hecho, pues un escritor romano jamás mezclaría palabras del latín con palabras del griego para formar una nueva palabra. Es decir, los escritores ingleses que tenían el acceso a escribir y publicar (lo cual no era tan accesible ni público como lo es ahora, sino algo reservado a élites y personas de clase alta, o de clase gobernante), asumieron que podían hacer, con las palabras latinas y griegas que adoptaban, lo mismo que hacían con sus palabras germánicas originarias: Mezclarlas sin más. 

De esta manera, en algún momento, algún investigador o escritor de algún país de habla inglesa o con tradición de habla inglesa, decidió tomar una palabra latina y una palabra inglesa para formar un neologismo: Speedometer. Tal como pudieron haber formado una palabra como desktop o deadend, decidieron hacer lo mismo con una palabra latina y una palabra inglesa. Y no se queda ahí. Por supuesto, como se ha de sospechar, también harían lo mismo con el griego, y formarían más neologismos ignorando por completo las tradiciones grecolatinas de formación de neologismos.

Esto provocaría que más personas autoproclamadas intelectuales decidieran tomar esta misma costumbre y perpetuar este, digamos, error, aunque más adelante diré por qué no es exactamente un error. Investigadores, científicos y filósofos de otros países con otros idiomas verían como algo normal y de hecho 'natural' el mezclar palabras latinas y griegas para formar nuevas palabras. La hibridación se normalizaría en los círculos académicos, pero no por arte de magia o por convención internacional, sino simplemente por un aspecto particular de la lengua inglesa que los ingleses decidieron, por así decirlo, globalizar dentro de su propia lengua y extenderlo a otras lenguas, especialmente las lenguas clásicas, para aumentar las posibilidades de crear nuevas palabras.

Capítulo III: Dentro de una nueva era

Por supuesto es agradable que alguien más fuera de mí note esto y también lo reporte y se queje con el mismo fervor con el que yo lo hago, pero lo cierto es que no se puede tapar al Sol con un dedo. Fuerzas que vienen desde hace años de historia y una cantidad impresionante de escritos de muy diversos ámbitos han normalizado de manera profunda esta costumbre inglesa, este pecado inglés, que es imposible tratar de revertirlo, o siquiera tener intenciones de reducirlo. Por eso esta entrada no es tanto para declarar que el "purismo es la mejor respuesta que se puede dar ante un escenario como este", pues esto es rigidez y resistencia al cambio. Mejor, daré una argumentación bastante sólida, explicando motivos personales por los cuales, aunque no esté completamente de acuerdo, y esa 'espinita' me vaya a quedar por el resto de mi vida como amante de las lenguas clásicas, es absurdo querer no usar esta clase de términos o negarlos en absoluto.
  • Primer argumento | Sobre el utilitarismo imperante en la actualidad: Es cierto que vivimos en una sociedad de ciencia e ingeniería, de innovación constante y un sistema económico capitalista. Ya no queda mucho tiempo, para muchas personas, para el ocio productivo, por lo que estas personas no se pueden dedicar a su educación o a aprender sobre los cimientos que quedaron atrás de nosotros y definen lo que somos hoy en día. Lo que se requiere son resultados prácticos e inmediatos, y dado que no hay tiempo para estudiar nuevos términos griegos o latinos, sencillamente es natural para este mundo extremadamente utilitario que surjan términos que se entiendan naturalmente y al vuelo para la mayoría de las personas. Por ejemplo, todas las personas de habla hispana entienden que el prefijo latino bi- significa dos o una duplicación de algo, y entienden, también, que céfalo tiene relación con la cabeza (cefalometría, por ejemplo). La primera palabra viene del latín y la segunda viene del griego 'κεφαλή' (cephalē, o de manera menos clasicista, kephalē). Por lo tanto, para la mayoría es fácil entender que 'bicéfalo' significa algo de dos cabezas, como el águila bicéfala. Esto es práctico, y aunque lo más correcto etimológicamente hablando, recurriendo a la tradición grecolatina, es dicéfalo, bicéfalo es el término que se acuñó mejor por mera practicidad (o tal vez por ignorancia involuntaria, dado que, tras del hecho de que eran pocas las personas que tenían acceso a la educación, los recursos de los que se disponían no eran bastos ni tan completos como ahora con Internet).
  • Segundo argumento | Sobre la aceptación de la inagencia: Sobre este aspecto en específico, sobre las palabras con etimologías algo retorcidas o remezcladas como si fuera un pedigree, no puedo hacer nada. Esto significa que no puedo disponer todos mis esfuerzos en tratar de cambiar algo con mis pocos recursos actuales o con mis nulas capacidades de influencia global, pues eso lo único que haría es generar frustración sin resultado alguno, o, en otras palabras, una conjetura. Sé que para mí, y tal vez para otros, sin descartar por completo que puede que sea el único que se siente así al respecto, es lamentable que la situación lingüística y etimológica se haya distorsionado de esta manera, pero no puedo hacer nada para cambiarlo. Lo único que podría hacer sería hacer yo mismo las cosas bien, pero sin dejar de usar aquellos términos siempre que resulten útiles o prácticos en alguna situación o contexto. Es decir, cuando sea mi turno de hacer una palabra o un neologismo, hacerlo/a bien.
  • Tercer argumento | Sobre el impacto local y la conciencia histórica: Aunque yo no pueda hacer nada al respecto por cambiarlo, sí puedo hacer algo para entenderlo. De hecho, esta entrada es el clímax de mi entendimiento respecto a esto, pues estoy describiéndolo de manera estructurada y explicándoselo a algunas personas de manera pública. Es decir, puedo tratar de trazar el hilo desde cuándo comenzó esto, en qué punto empezó a retorcerse y en qué momento más personas empezaron a normalizarlo. De esta manera, más personas pueden entenderlo de manera informada, y aceptarlo de manera informada, no sin más, sin saber siquiera que las palabras que usan de manera cotidiana provienen del latín o del griego. También para instar a las personas a hacer las cosas bien, a hacer neologismos bien si lo van a hacer partiendo del latín o del griego. Si es latín, entonces son dos palabras del latín, y si es griego, entonces son dos palabras del griego, pero no es una de una lengua y otra de otro lengua... Aunque nada puedo hacer yo para cambiar el actuar y las decisiones de cada persona, ni su parecer.
  • Cuarto argumento | La hibridación no es completamente mala: Es cierto que desde un punto de vista más tradicional o más clásico se puede considerar un error el hibridar raíces griegas con raíces latinas para resultar con un neologismo útil o que englobe a un concepto nuevo, pero si estamos dentro de una nueva era donde está tan normalizado, a lo mejor hay que mirar la razón por la que se usa: Practicidad y exponencialidad. Es cierto que con la cantidad de étimos provenientes del griego es suficiente para crear una basta cantidad de neologismos en el mundo moderno, pero si estos límites se expanden y también agrupan al latín, las posibilidades aumentan exponencialmente, lo cual también es más práctico cuando se quieren conceptos más precisos o que conlleven un significado más matizado que tal vez alguna palabra latina o griega no cargue consigo del todo. Quiero decir, todo el mundo sabe qué es una televisión o qué es una bicicleta: Son objetos cotidianos, relativamente recientes, que cualquier persona identifica, incluso si sus etimologías sean hibridaciones entre el latín y el griego. Es por eso que considero algo adecuado no llamar a las hibridaciones tanto como errores, sino como eso, hibridaciones, o en cualquier caso, "palabras de origen grecolatino". No griegas, porque no son completamente griegas, ni latinas, porque no son completamente latinas, sino grecolatinas, porque son mitad griegas y mitad latinas. Aun así, algunas palabras que mezclan a una lengua vernácula con el latín o el griego seguirían siendo hibridaciones, pero no palabras grecolatinas. En estos casos, lo más conveniente es denominarlas desdoblando los términos que se usen para su explicación. P. ej., en lugar de decir que speedometer es una palabra de origen grecolatino, cuando obvia y evidentemente no lo es, es mejor decir que es una palabra híbrida que proviene de una palabra inglesa y una palabra griega. Eso es desdoblarse.
Con estos cuatro argumentos, he decidido declarar mi postura frente a esta nueva era, en donde ya no estamos tan cerca de los clásicos ni de sus enseñanzas, aunque sería definitivamente muy beneficioso para todos retomarlas y retomar algunos de sus conceptos, de sus prácticas o incluso sus lenguas. No podemos saber con certeza a dónde vamos, pero podemos guiar de manera correcta el camino si sabemos de dónde venimos. Si sabemos cuáles fueron las grandes civilizaciones del pasado, las que nos trajeron tantos conceptos a nosotros, los occidentales, podremos construir civilizaciones más discretas y más apacibles en el presente, y tal vez en el futuro. 

Muchas de las costumbres que hoy tenemos los occidentales no se asemejan mucho a las costumbres que tenían los romanos o los griegos, incluso si hoy en día todavía conservamos algunas pocas, o algunas tradiciones en algunas disciplinas e instituciones. Aunque sigamos siendo los griegos, los clásicos griegos ya no están más entre nosotros de manera física, desde hace miles de años. Los tiempos cambian y las necesidades de cada sociedad con ellos. Por lo tanto, es absurdo querer resistirse a cambios que se dieron, aunque de manera distorsionada o inadecuada, para un bien práctico actual. 

Es mejor mirar a este resultado como la prueba viva de que jamás podremos alejarnos, nosotros, los occidentales, de las raíces civilizatorias que fundaron a Occidente: Grecia y Roma. Aunque hoy en día la lengua global, la lengua de los negocios, las comunicaciones y la diplomacia internacional sea el inglés, cuando se trata de referirse a cosas de una manera más objetiva, específica, precisa o filosófico-científica, siempre estarán allí el griego y el latín, o su resultado moderno, su hibridación: El repertorio grecolatino.

De manera análoga al pecado original en la tradición de las religiones abrahámicas, o por lo menos entre el cristianismo y el judaísmo: Adán comió la manzana y condenó a toda la especie humana por haber desobedecido la orden de Dios. El inglés pecó al haberse enajenado de las tradiciones grecolatinas que imperaban antes de su influencia o hegemonía, arrastrando a casi todas las lenguas que querían un lugar en el ámbito académico a pecar de lo mismo. En ambos casos, la vida continuó, y las cosas se siguieron dando, las actividades tenían que reanudarse y los cambios tenían que concretarse. Ascensos de jefes, y sus caídas. Descubrimientos, innovaciones, críticas, investigaciones. Todo continuaba, todo continúa, por lo que hay que vivir con ese pecado, con esos pecados.

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