Laureles deshojados
Nunca saborear la victoria. Nunca sentir que es estar a su lado.
Quisiera saber qué hubiera pasado si la incertidumbre no fuera enemiga. Si las certezas no fueran necesarias. Que si experimentar fuera la norma, y perder lo conocido también estuviera bien. Que viajara por más grandes y misteriosos montes, llenos de incógnitas. Explorando juntos, los dos.
Quisiera no haber presionado. No haber llenado de expectativas un corazón inocente. Un corazón que no sabía si esto era suficiente. O si, de pronto, fuera lo que realmente estaba en su norte. Ahora me dirijo al sur.
Me dirijo al sur de mis anhelos. He empobrecido mi ilusión, por laureles deshojados. Me traen tristeza, me provocan melancolía. Una nostalgia de lo imposibilitado. Observé y me quedé observando esa estrella, pero ahora es de día y ya no la veo. Solo una ilusión. Una ilusión de certeza, falsa, porque ya no está ahí. La Tierra se ha movido, y el tiempo ha avanzado.
Estuve mal. A lo mejor si mi bloqueo emocional no hubiera interferido, la victoria todavía sería una tentadora posibilidad, y en mis manos estaría. Si yo me hubiera sentido tranquilo, todas mis emociones habrían florecido, como se supone que debieron haber florecido... Pero perdí la victoria, perdí por mi culpa. Por lo que no podía manejar. Un alma indómita, un paisaje borrascoso.
La respiración me tiembla, porque sigo teniendo miedo. Sigo estando preocupado. Sigo teniendo síntomas de una compulsión vigilante. Pero esa compulsión no me impide remorderme por haber perdido mi nube de paz. Esa victoria desaparecida, esfumada, por lo que no se le debió haber dicho.
Me dejaste solo con la ilusión, por más que yo aceptara todo lo que hubiera que afrontar. No querías, sencillamente no querías. Pero yo quise. De todas las formas yo quise. Yo amé. Ahora son laureles deshojados, una victoria no consumada, o más bien destrozada.

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