El vicio de la democracia

El fundamento de la democracia es que el pueblo elija. Si el pueblo elige, debe elegir a quien mejor lo represente, pero muchas veces ni el pueblo mismo sabe quién es la mejor persona para representarlos. La política se orienta a la retórica persuasiva, manipulativa, demagógica y populista. Ya no es interesante hablar de las cosas más necesarias y sensatas para una sociedad, sino a los intereses particulares de un sector (político) de la sociedad.

La democracia, en principio, pretendía dar participación a todos los hombres en la actividad política. Lo irónico es que desde su concepción en el mundo moderno (las repúblicas representativas; la República francesa y los Estados Unidos de América), no todos los hombres podían participar. Solamente podían participar varones de un sector de la sociedad privilegiado, "educados" y con acceso a riquezas. Las mujeres no podían votar. En pocas palabras, no se trataba realmente de todo el pueblo, sino de lo que la élite política y académica considerara el pueblo

Los intereses de estas personas, en aquellos momentos, eran propios de sus propios sectores políticos. No habría representación de aquellas personas que no tenían voz ni voto en la sociedad, por lo que siempre quedarían excluidos. Ninguna de las decisiones hechas en votación representaría los intereses de la población que no podría participar.

Pero ahora que todas las personas pueden participar, y que los partidos políticos, con diferentes ideologías, existen, está presente una carrera por convencer a la mayor cantidad de gente posible, es decir, una democracia de masas. Es lo que se reconoce como populismo.

Por lo tanto, ahora las personas, las masas en cualquier caso, no deciden por su beneficio, sino por su convicción visceral e identitaria. Ya no escogen precisamente lo que más les ayude, lo que más les represente, sino lo que sienten que deben defender, como si fuera parte de su propia vida, su propia identidad. Es la colación de una idea de movilización política asociada con la idea misma de ser ciudadano. «No puedes hacer parte de la sociedad si no piensas como nosotros».

Por ende, se forman bandos. Ahora no es el pueblo, sino sectores de la población. No sería loco, entonces, pensar que ya no estaríamos hablando de democracia, sino de algo más enrevesado y, en cualquier caso, viciado. En un principio era una intención casi noble, o haciendo las veces de ser noble, sin realmente llegar a serlo, pero dada la susceptibilidad de la manipulación de la política hacia personas con bastante poco criterio (y son muchos), se hace inviable.

No obstante, está claro que criticar a la democracia y pretender cambiarla es visto, dado el discurso dominante de nuestros tiempos, como un "ataque a la libertad". Es cierto que en democracia, prácticamente todas las personas tienen derecho a opinar (exactamente como yo lo estoy haciendo) sobre cualquier cosa, sépanlo o no lo sepan. Moleste o no moleste, pueden hacerlo. Sin embargo, no se debe reducir la democracia únicamente a libertad, pues, como he descrito anteriormente, es bastante evidente que democracia también puede ser sinónimo de manipulación de masas, de propaganda y de decisiones desinformadas.

Es donde cabe más la pregunta de si es más valiosa la seguridad social y económica, o la plena libertad. «¿Qué clase de libertad puede tener alguien sometido a un sistema que no representa sus intereses, y no le ayuda a vivir plenamente dentro de su sociedad? ¿Qué libertad, pues, puede haber en una sociedad desigual?».

Personalmente, y ya para terminar, considero que es posible que exista un sistema político superior a la democracia representativa que nos han impuesto en los últimos años. No hemos tenido la potestad de decidir cuál es el mejor sistema político para nuestra sociedad concreta, sino que nos han impuesto, sin preguntarnos, que la "democracia es el mejor sistema para todas las sociedades, indudablemente". Esto es un desastre, pues un sistema de representación política concreta no necesariamente es, de manera indudable, el mejor para todas las sociedades. Hay sociedades, como la mayoría actualmente, que no están capacitadas para elegir sus dirigentes de manera sensata y sin sensacionalismos. Así como hay sociedades lo suficientemente educadas y alfabetizadas como para sí hacerlo. 

En una sociedad donde vale más una emoción que la educación política, es de locos considerar viable la democracia. Nadie sabe lo que es mejor para su propia comunidad salvo aquellos que de verdad han conocido y descubierto lo que hacer parte de esa comunidad significa. Dejar que las personas conocedoras hagan la política, y dejar al pueblo dedicarse a sostener la sociedad misma. Ese es el principio original de la aristocracia. El problema es que es cierto que la aristocracia también degenera en oligarquía...

De todas maneras, nada de lo que yo he expuesto y he argumentado aquí va a terminar por cambiar el mundo y la organización política global de la noche a la mañana. Lo más seguro es que no reciba la suficiente atención como para ser discutida. Sin embargo, es la opinión personal que tengo sobre un tema que, muchas veces, se ha considerado polémico. Desde la Antigua Grecia ya se advertía que la democracia no era precisamente el mejor sistema político para ninguna sociedad (o solo para sociedades pequeñas).

Aun así, se exhorta a votar. Aun así, hay más recursos y más educación pública y gratuita para montones de personas que antes. El que no se quiera educar sobre la situación de su propia comunidad (por no decir país) es porque no le interesa o porque no quiere, pero definitivamente los recursos están disponibles. ¿Podrá la democracia cambiar radicalmente con esto? Lo dudo, pues siguen primando más las emociones antes que las razones. Sin embargo, se puede intentar hacer algo dentro de las circunstancias presentes. Al final, pretender cambiar la democracia por otro sistema político es visto casi por todos los países occidentales como una amenaza a la libertad, y parece que ellos valoran más la libertad que la equidad.

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